A medida que avanzan los días existe más incertidumbre por el regreso a la
escuela y cada vez más se ve cercano el término del ciclo escolar 2019 – 2020
por lo que dependerá en mucho si la sociedad hace su parte de alargar la tan
mencionada curva de contagios por el nuevo virus COVID-19.
Foto tomada de: Evaluación de proveedores: la
norma ISO 9001 | EAE retos-directivos.eae.es
Hoy más allá de las estrategias implementadas por los docentes para hacer
llegar actividades a sus alumnos o de las propuestas gubernamentales en el uso
de la internet y la televisión educativa considerando o no la economía de las
familias en cuanto a los recursos tecnológicos por solventar este reto, existe
otro elemento que preocupa sobre manera a los docentes “la evaluación”.
Pedro Ravela, Beatriz Picaroni y Graciela Loureiro (2017) consideran la
evaluación como parte de la cotidianidad en el sistema educativo, asociada
principalmente a las calificaciones y el examen como recurso más utilizado para
determinarlas. Sin embargo, desde hace tiempo se ha invertido mucho en promover
lo formativo en el sentido de reconocer el avance de los aprendizajes de todos
los alumnos en el aula.
En este sentido la evaluación formativa tiene varias implicaciones:
·
Comprobar
constantemente los aprendizajes que los alumnos van logrando. (Shepard, 2006).
·
Permite
valorar si el desarrollo de la planeación es congruente con lo planeado (SEP,
2012).
· “Permite
una acción reguladora entre el proceso de enseñanza y el proceso de
aprendizaje” (Casanova, 2007).
·
Observar en diferentes momentos el proceso de
avance de los aprendizajes del alumno (Ravela, 2017).
·
La participación
activa entre evaluadores y evaluados en un proceso de diálogo en el proceso de
diseño, desarrollo y resultados en la evaluación (Santos, 2014).
·
La retroalimentación
como elemento para la mejora de los estudiantes y se puede dar entre
docente-alumno, alumno-alumno durante el proceso de aprendizaje (Shepard,
2006).
Como podemos ver es un hecho que para llevar a cabo la evaluación formativa
se requiere estar juntos, ahí en el hecho educativo, para observar, acompañar y
nutrir el aprendizaje en cada uno de los alumnos.
Foto tomada de: Curso en línea ¿Cómo mejorar la evaluación en el aula? - INE inee.edu.mx
Pero… ¿cómo reconocer el avance de los alumnos en estos tiempos de no estar
juntos en la escuela?
Será esta experiencia el pretexto para quienes no han logrado modificar su práctica en la evaluación de
procesos o solamente un alto para otros que permita ajustar lo que están haciendo
para acompañar el aprendizaje de sus alumnos.
La propuesta de la autoridad educativa es clara para esta etapa complementaria
a la contingencia, retoma una evaluación
sumativa a partir de una carpeta de experiencias en las que se incluyen las
actividades a distancia propuestas por los docentes, respuestas a preguntas que
se integran al final de la programación educativa y una evaluación que mida los
aprendizajes trabajados para salvar un ciclo escolar que además de ser inusual
atraviesa por otra transformación hacia una Nueva Escuela Mexicana que busca transformar
el Sistema Educativo Nacional.
Hoy la evaluación formativa
tendrá que esperar al regreso y no solo por no estar juntos docentes y alumnos, sino también por no tener
la certeza del aprendizaje logrado por los NNA, de aquellos que fueron
apoyados, de los que les hicieron la tarea, de los que por diversas razonas no
trabajaron en el distanciamiento o por otros que por su condición de
discapacidad o vulnerabilidad tampoco realizaron la tarea.
¿Cómo podemos contribuir a este tiempo?
- Si a la evaluación que contemple los aprendizajes de este periodo, pero no para calificar, sino para reconocer qué se logró aprender y focalizar qué tendrá que retomarse para el siguiente ciclo escolar.
- Como parte de lo justo en la evaluación (Frade, 2006), considerar lo realizado por los alumnos con una carga menor en los criterios de evaluación que no afecte la calificación final de los alumnos que no realizaron las actividades, por el hecho de que esta situación no es culpa de nadie, considerando además que muchos de nuestros alumnos, incluyendo a los que por su condición de discapacidad o vulnerabilidad solo adquieren aprendizajes o trabajan cuando están en el salón de clases.
Para concluir rescato los siguientes puntos:
Esta experiencia
nos debe llevara la reflexión y a la
acción para mejorar nuestro sistema de evaluación.
Reflexionar
sobre nuestra necesidad de actualización y/o capacitación en el uso de las tecnologías
de la comunicación e información como herramientas para el aprendizaje.
Valorar
el estar juntos como fortalecimiento de aprendizajes, porque somos seres
sociales y aprendemos con los otros.
Recuperar
nuestro valor como docentes en el proceso de enseñanza.
Reconocer
el papel activo de los alumnos en el proceso de aprendizaje.
Dar
un peso adicional a la evaluación y lo socioemocional como resultado del
confinamiento con la finalidad de re-conocer a nuestros alumnos con base en la
pedagogía de emergencia y volver a construir un ambiente de aula propicio para
el aprendizaje.
Referencias bibliográficas
& Casanova, Antonia. (2007). Manual de
evaluación educativa. Madrid. La Muralla.
& Ravela, Pedro. (2017). ¿Cómo mejorar la
evaluación en el aula?. México. SEP.
& Santos. Miguel Angel. (2014). La
Evaluación como Aprendizaje. España. Narcea.
& SEP. (2012). El enfoque formativo de la
evaluación. Serie: Herramientas para la evaluación en educación básica. México.
SEP.
& Shepard, Lorrie. (2006). La evaluación en
el aula. Traducción México. INEE.



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